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martes, 16 de septiembre de 2008

LAS "BUENAS PRÁCTICAS AGRÍCOLAS" DE LA AAPRESID

En la Bolsa de Comercio y en el Hotel Plaza Real de Rosario, del 12 al 15 de agosto, AAPRESID realizó su XVI Congreso donde presentó la “Agricultura Certificada”, un proyecto que nace en el seno de la organización, marcando la “evolución” de la Siembra Directa. “Un hito que funda las bases de una nueva revolución en el sector agropecuario” según los organizadores del congreso.

En su congreso, la institución habló de que su sistema incorpora un conjunto de herramientas que reciben el nombre de “Buenas Prácticas Agrícolas” y que incluyen la rotación, la inclusión de los cultivos de cobertura, el manejo integrado de malezas, insectos y enfermedades, la nutrición balanceada, la reposición de nutrientes y el uso racional y profesional de “insumos externos”.

Dice AAPRESID “que la siembra directa cambió los paradigmas de la agricultura, iniciando una nueva era. Son más los suelos que producen y menores los riesgos de erosión. De igual forma, en numerosos casos, la productividad ha aumentado, por mejora de la fertilidad física y química (sic); y por la mayor eficiencia en la economía del agua. La organización asegura que “… se reduce el consumo de combustibles fósiles empleado en el laboreo, crece el secuestro de carbono por aumento de materia orgánica, y ambas consecuencias ayudan a mitigar el efecto invernadero”.

Durante cuatro días, 2.000 personas participaron del XVI Congreso de AAPRESID. Todos quisieron figurar en el lugar donde se cocina el modelo agrario argentino. Durante el evento, los “RRófilos” [1] presentaron la Agricultura Certificada como “una herramienta de gestión profesional para garantizar que se produce respetando al medio ambiente”. Sin embargo fue el propio Santiago Lorenzatti (vocal de la comisión directiva de AAPRESID) quien reconoció que "en general, globalmente, nuestra forma de producir no es sustentable ambientalmente” y que “hasta ahora hemos degradado los suelos y en los próximos años la presión sobre los recursos naturales va a ser mayor". En un hallazgo de originalidad Lorenzatti advirtió que la demanda de alimentos crece vertiginosamente, y que "en 50 años la población se va a duplicar" y, por ende, a los sojeros se plantean dos opciones: expandir el área agrícola o ser más eficientes en las tierras actuales. Hasta ahora siempre han optado por la primera a costa de arrasar cuanto ecosistema se interpusiera en sus caminos.

Había que defender al gobierno y Horacio Verbitsky cuidó su pluma más que nunca para denunciar las “bondades” de la siembra directa. ¿Por qué no antes? ¿Es que acaso el kirchnerismo nunca cuestionó el modelo? La realidad es que nunca lo cuestionó, es más, varios de sus personeros pidieron (en pleno conflicto agrario) a no “demonizar la soja”. Dice Verbitsky en el diario “Página 12” del 4 de Mayo de 2008 algunas verdades que suscribimos:

“AAPRESID se define como una ONG propia de la sociedad del conocimiento, preocupada por la ética, la conservación del medio ambiente y la responsabilidad empresaria. Nuclea a 1.500 productores, pero también a las principales empresas de la cadena agroalimentaria, entre ellas las grandes exportadoras y las productoras y comercializadoras de semillas modificadas por métodos genéticos y de los insumos que se emplean para su cultivo, entre ellos los agrotóxicos, como Monsanto, Syngenta, Bayer, YPF Fertilizantes o Nidera”. También Basf, Pioneer, PASA Fertilizantes (Petrobrás) y Profertil (Repsol), acotamos nosotros.

Señala Verbitsky: “Su objetivo (el de AAPRESID) es difundir el método de la siembra directa en el que la Argentina ya es líder mundial, con 70 por ciento de la superficie agrícola trabajada de ese modo, contra 6 por ciento en el mundo. Desde aquí, la soja transgénica se extendió a los países vecinos lo cual obligó a Brasil a levantar una prohibición que se había vuelto de cumplimiento imposible”

Verbitsky olvidó, y era un buen punto para señalar, que el plan de distribución de soja para alimentar a los hambreados del ajuste duhaldista, el llamado “Plan Soja Solidaria” fue una iniciativa de la AAPRESID a sabiendas de que la soja no es para consumo humano y que su consumo agrava los casos de desnutrición infantil.

Muchas veces hablamos de la cooptación que las corporaciones de los agronegocios han hecho de los organismos oficiales. A confesión de parte, relevo de prueba: Andrés Sylvestre Begnis, Coordinador General de la asociación, expresó que “AAPRESID y el INTA trabajan en perfecta sintonía, siempre pensando en estar un paso adelante de lo que el productor demande”. Sylvestre Begnis aseguró: “(...) lo que intentamos hacer con esta agricultura sustentable es adaptar la tecnología en función del ambiente y poder maximizar el potencial que tenga ese ambiente”. La realidad indica que siempre han hecho exactamente lo contrario, han puesto al medio ambiente a merced de los paquetes tecnológicos de transgénicos y agrotóxicos.

A razón de $10.000 por cada 500 ha, el “curro” (como diría el personaje de Altavista) de la agricultura certificada redituará unos buenos dineros a la empresa SGS Argentina con quien AAPRESID firmó un convenio de exclusividad para los próximos cuatro años, por la asistencia técnica que ofreció la compañía en algunos aspectos del sistema de calidad. De esta manera, el proceso de certificación se convertirá en un costo adicional para los bolsillos de los agricultores pequeños.

Cuando AAPRESID enumera los beneficios del sistema de “siembra directa”, sostiene que no requiere arar la tierra y permite sembrar sobre el rastrojo, aumentando la productividad, mejorando la fertilidad, conservando los recursos hídricos y reduciendo el consumo de combustible. La realidad habla de degradación, erosión e impermeabilización de terrenos, de colapso hídrico, de contaminación de napas y cursos de aguay de las gravísimas consecuencias para la vida animal y la salud humana que producen las fumigaciones con glifosato (y otros herbicidas terribles) que forman parte inseparable del paquete tecnológico que impulsa AAPRESID. Como si fuera poco, a este panorama devastador, es imprescindible agregarle las deforestaciones galopantes que están transformando nuestro clima así como el éxodo de los pobladores ancestrales que abandonas sus tierras originarias y la consecuente pérdida de sus saberes campesinos.

En su best-seller “El mundo según Monsanto”, la periodista Marie Monique Robin [2] reproduce una entrevista con el médico entrerriano Darío Gianfelici, quien afirma que, con varios colegas, constató un aumento muy significativo de anomalías de la fecundidad, como los abortos espontáneos, las muertes fetales precoces, las disfunciones de la tiroides y del aparato respiratorio, de las funciones renales o endocrinas, de enfermedades hepáticas y dermatológicas o de problemas oculares graves. El Dr. Gianfelici también advirtió sobre “los efectos que pueden tener los residuos de Round Up (la marca comercial del glifosato de Monsanto) que ingieren los consumidores de soja” puesto que algunos de sus componentes son perturbadores endocrinos. Los especialistas han documentado que en la región ha habido un número importante de casos de bebés que nacen sin uno o ambos testículos o cuya uretra no llega al final del pene y de nenas que comienzan a menstruar a los tres años.

AAPRESID pretende desarrollar un “Sistema de Gestión de Calidad Ambiental y Productiva en Agricultura de Conservación” que, ajustado a indicadores de base científica, permitirán “medir el impacto de la agricultura sobre el ambiente, foco de la certificación del proceso de la siembra directa”. Dios nos libre.…

M.S.
Programa del 21 de agosto de 2008

[1] Reciben el nombre de soja o maíz RR aquellas semillas que han sido modificadas por ingeniería genética para transferirles la cualidad de ser resistente al herbicida glifosato, patentado por Monsanto, cuya marca comercial es “Round Up”. Las patentes de las semillas transgénicas del tipo RR (Round Up Ready), por esas casualidades, pertenecen también a esa misma corporación.
[2] Ver en este mismo blog nuestra nota “EL MUNDO SEGÚN MONSANTO” en http://pllradio.blogspot.com/2008/04/el-mundo-segn-monsanto.html

jueves, 29 de mayo de 2008

LA CONTAMINACIÓN TRANSGÉNICA (DE LA POLÍTICA)

El gobierno de Rumania vetó hace un par de semanas la producción de la variedad de maíz genéticamente modificado de la multinacional Monsanto. Rumania es el principal productor de maíz de la Unión Europea, con cerca de tres millones de hectáreas cultivadas por año. El veto del gobierno de Rumania se basa en estudios científicos desarrollados por la Unión Europea y que revelan los daños a la fauna y a la salud humana generados por esa variedad. La siembra y comercialización del maíz transgénico fueron aprobadas en Brasil el año pasado. En la Argentina, el maíz RR tiene su visa desde julio del 2004 gracias a los buenos oficios de Roberto Lavagna, el entonces Ministro de Economía de Néstor Kirchner.

Un informe elaborado por Greenpeace, en 2007, revela otro enorme problema causado por los transgénicos: la contaminación de semillas tradicionales al tener contacto con plantaciones de semillas genéticamente modificadas.
El informe “Registro de Contaminación Transgénica 2007” investigó 216 casos de contaminación genética en 57 países distintos desde que la siembra de transgénicos empezó a ser realizado para fines comerciales, hace más de diez años.

Cuando, a mediados de julio de 2004, Roberto Lavagna y el secretario de Agricultura, Miguel Campos anunciaban la autorización de uso del maíz RR patentado por Monsanto, se justificaron diciendo que la nueva semilla había pasado “largos y exigentes exámenes sanitarios”. Para Greenpeace, Lavagna se había ganado el mote de “empleado del mes” de la Monsanto habida cuenta de la enorme puerta de negocios que le abría a la corporación y que su consultora Ecolatina, propiedad de los Lavagna, tenía a la multinacional como uno de sus clientes. ¡Cuánta diferencia entre esa actitud y la del gobierno rumano que sí tuvo en cuenta los serios y numerosos informes que detallan los peligros del uso de transgénicos! [1]

Uno de los temas centrales de la reciente Conferencia de la ONU sobre Bioseguridad [2] que se desarrolló en Bonn, Alemania, estuvo relacionado precisamente con la llamada contaminación transgénica. Como en el resto de las Conferencias de la ONU las soluciones vienen muy por detrás del tsunami de la devastación ambiental. El "Registro de Contaminación Transgénica 2007", publicado por Greenpeace y el grupo GeneWatch UK, muestra un aumento de más del 50% en la contaminación de transgénicos en relación a 2006 [3].

La Argentina, por supuesto, devenida en un enorme laboratorio transgénico en manos de las corporaciones ha aportado sus propios eventos al referido registro. Uno de ellos tiene que ver con la aparición de malezas tolerantes al herbicida debido a la presión de selección ejercida por el RoundUp. Esto ha motivado a los productores sojeros a utilizar herbicidas cada vez más tóxicos y con peores efectos sobre la salud y el medio ambiente.

La Argentina ha servido como cabecera de playa para la introducción de los transgénicos en todos los países fronterizos, particularmente Brasil y Paraguay. Hacia el 2000, Monsanto sembró cantidades importantes de maíz RR de manera ilegal, es decir, cuando todavía no había sido aprobado por el tándem Kirchner-Lavagna. Monsanto había solicitado la aprobación de su maíz transgénico hacia 1999 y sin que le fuera concedido lo presentó en la feria ExpoChacra 2000.

Por esas casualidades, el actual Expoagro propiedad del Grupo Clarín y La Nación es la resultante de la fusión de ExpoChacra y FeriAgro. Además el Gerente General de Expoagro, José Aranda, es vicepresidente del Grupo Clarín y un patriarca sojero. El Director del Clarín Rural, Héctor Huergo, es un desembozado lobbista de las corporaciones de los agronegocios, entre ellas la Monsanto. Obviamente, para el suplemento rural del diario de los Noble el tema de la contaminación transgénica es virtualmente inexistente.

Desde los tiempos de Felipe Solá (Presidencia Menem), pasando por Antonio Berhongaray (Presidencia De la Rúa), Haroldo Lebed (interinato Duhalde) y Miguel Campos (Presidencia Kirchner), los vínculos entre Monsanto y los funcionarios de la Secretaria de Agricultura han sido muy estrechos.

En 1996, Felipe Solá firmó el decreto por el que se daba libre entrada a la producción de soja RR. En el noviembre del 2000, Fernando De la Rúa disolvió por decreto el Instituto Nacional de Semilla. Y en 2004, Kirchner cerró el círculo que posiciona a La Argentina como país forrajero con la autorización del maíz RR. Curiosamente, al primero de los secretarios de Agricultura de Duhalde, Rafael Delpech, anunciar que sancionaría duramente a la Monsanto por introducir ilegalmente maíz transgénico en La Argentina le costó el puesto. Llevarse bien con la súper corporación que controla el 90% de la producción transgénica mundial tiene sus ventajas…

La situación poco o nada le interesa a las clases políticas de toda laya pero es grave y se agrava. Desde su creación en 2005, el Registro de Contaminación Transgénica documentó 216 casos de contaminación accidental, provocada o generada ilegalmente por OGM en cosechas tradicionales desde 1996. El ritmo se incrementa año a año.

Aunque de manera muy general, la Conferencia de la ONU sobre Bioseguridad (MOP4) sentó las bases para que en el futuro los países que hayan visto dañados por el uso de transgénicos puedan pedir compensaciones a las corporaciones productoras. El acuerdo define sólo lineamientos para un futuro tratado que defina un régimen de responsabilidades y compensaciones vinculante. Por lo pronto, mientras la avanzada transgénica sigue arrasando la salud de cientos de millones y la biodiversidad de nuestro planeta se pierde a velocidad récord, las multinacionales ganaron un par de años más y seguirán sin rendir cuentas por sus “agronegocios”...

M.S.

Programa del 15 de mayo de 2008.

[1] “Argentina's bitter harvest (what GM soya has done for Argentina)”
Un post del artículo de Sue Branford en el número 2443 de New Scientist (17/abr/ 2004 se puede encontrar en
http://www.indymedia.org.uk/en/2004/04/289323.html
[2] La Conferencia de la ONU sobre Bioseguridad está basada en el Protocolo de Cartagena en Bioseguridad que se adoptó en 2000 como un acuerdo suplementario a la Convención en Diversidad Biológica de Río de Janeiro del año 1992.
[3] GM Contamination Register Report 2007, by GeneWatch UK and Greenpeace Internationalhttp://www.gmcontaminationregister.org/index.php?content=nw_detail1