Mostrando entradas con la etiqueta alimentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alimentos. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de mayo de 2008

EL HAMBRE MÁS URGENTE

El Banco Mundial llamó a tener una política común en materia de alimentos a fin de poder hacer bajar los precios y pronosticó que habrá 100 millones más de pobres en un futuro inmediato. “Todo lo que se hizo hasta ahora para reducir la pobreza puede destruirse muy rápidamente por la crisis de precios", advirtió el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. Hasta el propio ministro de Economía de La Argentina, Martín Lousteau, haciéndose eco de las palabras del presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, afirmó que “la problemática de la demanda de alimentos en el mundo amenaza con retrotraer los niveles de pobreza globales a 7 años atrás” y subrayó que “hay que buscar soluciones puntuales para evitar las hambrunas”. Cuando quieren ser conmovedores, evidentemente lo logran… La directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Josette Sheeran, advirtió que la falta de alimentos equivale a un “tsunami silencioso”.

En lo que va del año y desde marzo de 2007, el precio de los productos básicos de los que una gran parte de la población mundial depende: soja, maíz y trigo se incrementó en 87%, 31% y 130%, respectivamente. Un poco más en perspectiva, entre fines del 2003 e inicios de 2008, los inventarios internacionales de maíz disminuyeron un 11% mientras su precio aumentó un 125%. Es claramente asociable la profundización del modelo de transgénicos y biocombustibles con el desarrollo de esta crisis alimentaria. En ese mismo período, el precio del arroz aumentó un 150% mientras que los inventarios mundiales cayeron un 8,5%. Sin embargo, estas cifras pasarán rápidamente a la vejez puesto que los precios internacionales siguen subiendo y batiendo récords. El trigo no fue la excepción y, en el cuatrienio indicado, los inventarios globales disminuyeron más de un 33% mientras su precio aumentó un escandaloso 232%. El genocidio silencioso del hambre se abre paso entre un enorme segmento de la población mundial.

Una combinación de factores hacen subir los precios, entre ellos: el aumento de la demanda provocada por el crecimiento de la población mundial actual, el aumento de la demanda de carne en los países en desarrollo como China y la India, y el uso alternativo del maíz y la soja para los biocombustibles.

Sin embargo, no son los únicos factores que presionan a la suba a los precios de los alimentos, un factor determinante es el relacionado con el elevado costo de la energía y los fertilizantes. Y todo hace pensar que estos factores seguirán presionando sobre los precios de los alimentos. Para peor, los almacenes de cereales, a nivel mundial, se encuentran hoy en su nivel histórico más bajo y la cuestión de cómo alimentar al mundo nunca ha sido tan urgente. La presión que la producción de biocombustibles ejerce sobre los mercados de granos es el responsable de alrededor de la mitad del aumento en el consumo de las principales cosechas en 2006 y 2007.

En los últimos días, presenciamos graves disturbios en Haití donde las fuerzas militares de “paz” acabaron con la vida de varios manifestantes que reclamaban por el precio del arroz y donde los saqueos obligaron a renunciar al primer ministro Jacques Edouard Alexis. La falta de alimentos causaron hechos de violencia en Egipto y Camerún, pero una zaga de países se encamina a presenciar nuevos y reiterados conflictos asociados a la escasez de alimentos: Costa de Marfil, Mauritania, Etiopía, Senegal, Burkina Faso, Madagascar, Pakistán, Filipinas, Mozambique, Indonesia, Paraguay, Iraq, Lesoto, Moldava, Somalia, Suazilandia, Zimbawe, Afganistán, Corea del Norte, Eritrea, Liberia y Sierra Leona son sólo algunos de las decenas de focos críticos. A pesar de la dictadura imperante, nadie puede descartar disturbios de magnitud inclusive en la China.

Existen unos 37 países considerados por la FAO en situación de "crisis alimentaria”, sin embargo, el Institute of Development Studies ya hablaba, en el 2004, de 66 países vulnerables al hambre. La cruda realidad es que los países en desarrollo dejaron de ser exportadores netos de alimentos para convertirse en grandes importadores, pasando de tener un excedente comercial en alimentos de unos 1.000 millones de dólares en los años 70 a sufrir un déficit de 11.000 millones de dólares en 2001.

Probablemente a los centros de poder financiero y económico mundial sólo les importe el aumento de los precios de los alimentos en todo el mundo en tanto que las agitaciones sociales y políticas pueden desencarrilar este proceso de globalización que pone a la mayoría absoluta del planeta como meros espectadores de la historia. En los países pobres, la población más desposeída gasta un 75% de sus ingresos en comida, contra un 15% en los países ricos, lo que significa que sólo viven para ser explotados y comer, a veces... En Bangladesh una bolsa de dos kilos de arroz (y esto sólo por ahora) equivale para una familia pobre la mitad de sus ingresos diarios.

La Argentina no es ajena al escándalo del hambre. La estampida de precios de la canasta básica de alimentos arrojó en el último año a 1.300.000 de personas a la pobreza que sufre un tercio de su población. Mucho antes que la absoluta mayoría de los medios, “Prende la Luz” informó a sus oyentes que los números del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos no eran en absoluto confiables. Meses después sucedió el escándalo de la intervención desembozada que sigue hasta el presente y, como si esto fuera poco, el INDEC se da el lujo de no publicar las cifras de pobreza e indigencia desde junio del año pasado. A esta altura, ya nadie puede dudar del por qué…

Lo dijimos hace cuatro años y hoy, frente al abismo de una catástrofe humanitaria global, tenemos que lamentarnos el haber acertado. El sistema de producción de alimentos que el planeta ha adoptado mayoritariamente es completamente inviable. En nuestro último programa repasábamos algunas conclusiones importantes de la Evaluación Internacional de Ciencia y Tecnología Agrícola que celebró su sesión plenaria intergubernamental del 7 al 14 de abril en Johannesburgo, Sudáfrica. Una de ellas hacía referencia a la necesidad de un nuevo paradigma de agricultura para garantizar la seguridad alimentaria a los pobres y lograr la sostenibilidad del medio ambiente. Como vimos al principio, los mismos que hicieron “lo mejor de sí” para meternos en este callejón sin salida hoy vienen a advertirnos de sus peligros inminentes… [1]

El Banco Mundial planea invertir 10 millones de dólares adicionales en programas de alimentación y exhortó a los países ricos a que contribuya con otros 500 millones de dólares al programa de alimentos de Naciones Unidas. Nada de esto solucionará el problema de fondo. Estamos hablando de un sistema perverso donde algunas pocas corporaciones tienen el control mundial de los alimentos y utilizan todos los resortes del “libre mercado” para someter a la mayoría a sus intereses [2]. Manipulación genética, agroquímicos, patentes y biocombustibles son partes de un cóctel que hasta ahora venía emborrachando a muchos y ahora comienza a matarlos…
M.S.

Programa del 23 de abril de 2008.

[1] “El alza de los precios de los alimentos pone en peligro la reducción de la pobreza” http://go.worldbank.org/Z44S20DJQ0
[2] Ver en este mismo blog "CUANDO EL HOMBRE DESAFÍA A LA EVOLUCIÓN" http://pllradio.blogspot.com/2007/09/cuando-el-hombre-desafa-la-evolucin.html

miércoles, 23 de abril de 2008

MÁS DE LA MISMA AGRICULTURA SIGNIFICA MÁS HAMBRE

Hay 850 millones de personas desnutridas en el mundo y ese número va a aumentar con el cambio climático y la expansión de la población de 6600 a 9000 millones de personas en las próximas cuatro décadas. La inequidad en la distribución de alimentos resulta evidente a los ojos de quien quiera ver el mundo que lo rodea y, para peor, los precios de esos mismos alimentos siguen subiendo y subiendo.

El panorama no puede ser menos alentador. Un nuevo informe del grupo de evaluación internacional del papel de los conocimientos, la ciencia y la tecnología en el desarrollo agrícola sostiene que todos estos factores juntos plantean un desafío global que requiere una respuesta global inmediata.

La primera “revolución verde” de los ´60 y ´70 impulsó una agricultura saturada de fertilizantes y pesticidas. La segunda, la de los ´90, sigue llenándonos de transgénicos y agroquímicos. El afán de lucro, en ambos casos, ha traído aparejado graves consecuencias para el medio ambiente, la salud humana y la equidad social.

La Evaluación Internacional de Ciencia y Tecnología Agrícola (IAASTD) celebró su sesión plenaria intergubernamental del 7 al 14 de abril en Johannesburgo, Sudáfrica. El IAASTD fue creado en el 2002 por el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y comenzó su trabajo en el 2004 con el objetivo de “mejorar la vida, la salud y la prosperidad de millones de agricultores pobres”. Durante los tres años siguientes (2005-2007), un grupo de expertos científicos seleccionados por IAASTD evaluaron la conveniencia, calidad y eficacia de los conocimientos agrícolas, la ciencia y la tecnología, así como las políticas y soluciones institucionales a estas cuestiones. Alrededor de 400 expertos se reunieron la semana pasada en Johannesburgo para acordar un texto que sería aprobado por los delegados de los gobiernos respecto a estas cuestiones.

Australia, Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica no aprobaron el informe de la IAASTD. La Argentina, que cuenta con la Lic. María Cristina Plencovich entre los miembros del IAASTD, miró para otro lado. La Lic. Plencovich es Asesora Pedagógica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. En otras palabras: La Argentina no envió a la IAASTD a una verdadera especialista en las cuestiones agrícolas lo que pone de manifiesto el escaso interés de este país en colaborar con un organismo que claramente cuestiona sus prácticas agrícolas.

El informe de la IAASTD subraya la necesidad de un profundo replanteamiento del enfoque para la agricultura y admite la falta de capacidad del “mercado” para asegurar seguridad alimentaria a los pobres. El informe es crítico respecto del dominio que las compañías multinacionales tienen de los mercados de las semillas y fertilizantes, a la vez que hace un llamamiento para una implementación de las estrategias agroecológicas, en particular, para lograr la sostenibilidad del medio ambiente resaltando las dudas y controversias relativas a los cultivos genéticamente modificados. El informe reclama un nuevo paradigma de agricultura centrándose, sobre todo, en el papel de los agricultores pobres, que desarrolle de una sana y justa agricultura ecológica basada en los principios de la llamada agricultura orgánica.

El informe en cuestión metió el dedo en la llaga de la biotecnología a riesgo de que los poderes ocultos detrás de los gobiernos objetarían algunas de las conclusiones del informe, sin embargo los cuestionamientos respecto de cómo los organismos genéticamente modificados alteran la biodiversidad y el ecosistema son muchos y de peso. El control que de las semillas por las corporaciones terminará arruinando el sustento de los pequeños agricultores, además de que es absolutamente contrario a sus necesidades el énfasis que esas mismas corporaciones ponen en costosas investigaciones.

A pesar del origen del IAASTD, hay un dato significativo que habla del valor del informe: las empresas de la industria biotecnológica se “retiraron” el año pasado de los debates del organismo afirmando que sus informes eran “injustos” con su industria. Según el Resumen Ejecutivo del Informe de síntesis de la Evaluación Internacional de Conocimiento Agrícola, la Ciencia y la Tecnología para el Desarrollo, “la biotecnología ha estado siempre en la vanguardia del cambio. El cambio es rápido, los dominios de que se trata son numerosos y hay una falta de comunicación transparente entre los actores. Por lo tanto la evaluación de la biotecnología moderna va a la zaga del desarrollo, la información puede ser anecdótica y contradictoria, y la incertidumbre sobre los beneficios y los daños es inevitable. Hay una amplia gama de perspectivas sobre el medio ambiente, la salud humana y los riesgos económicos y los beneficios de la biotecnología moderna, muchas de las cuales son aún desconocidas”. [1]

A modo de ejemplo, ¿por qué no se popularizan las técnicas agrícolas de conservación que fueron utilizadas en Honduras en proyectos del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola? El Programa Lempira Sur fue implementado por el gobierno de Honduras con apoyo técnico de la FAO y recursos económicos de los Países Bajos, durante un período de más de 10 años, comenzando en 1990 y terminando en el 2004. El secreto: recurrir a la práctica tradicional de “labranza cero” que, además, ayuda a prevenir los deslizamientos de lodo Recordemos los estragos que causó el huracán Mitch a su paso por Honduras, que a fines del 1998 devastó el 70% del territorio hondureño y dejo un saldo de 19000 muertos. Precisamente los métodos probados de “labranza cero” han sido estudiados por los 400 expertos de diversas disciplinas del IAASTD quienes, por otra parte, han examinado el conocimiento agrícola alrededor del globo. [2]

El informe elaborado por el IAASTD enfoca también en la cuestión de la irrigación y sugiere poner mayor énfasis en quienes sufren escasez de agua o la gente es muy pobre como para pagar una irrigación artificial. Otra cuestión fundamental que destaca el informe tiene que ver con la responsabilidad de gobiernos y organizaciones para ayudar a los pequeños agricultores a diversificar sus cultivos y, de esa manera, mejorar su dieta y reducir los riesgos de las fluctuaciones del mercado o el clima.

El encarecimiento de los insumos, particularmente el petróleo, ha impactado en la agricultura y, por ende, en el precio de los alimentos. Pero a esto se suma la irrupción de los biocombustibles que agrava la situación puesto que el producto de la tierra aumenta su demanda al incorporar como consumidores a los motores de los más ricos elevando aún más el valor de los alimentos. En 2007, el precio del maíz se incrementó 31 por ciento, el de la soja 87 por ciento, y el del trigo 130 por ciento. Las reservas de granos están en su nivel más bajo y el contenido de los silos sólo alcanzaría para 40 días de abastecimiento.

Más allá de los detalles del informe, lo que debería implementarse es un gran debate en torno a cómo los pueblos asegurarán su soberanía alimentaria y, además, de una manera solidaria con la madre tierra. [3] En la ausencia de este debate se va consolidando el hambre de cientos de millones de seres humanos y sería un grave error de las clases dirigentes pensar que podrán ponerse a salvo de las consecuencias del colapso del actual sistema de agronegocios.

El informe concluye que sin cambios radicales en el modo en que el mundo produce sus alimentos, el planeta sufrirá daños permanentes. El Director del IAASTD, el Profesor Robert Watson, afirmó “más de lo mismo significa que no seremos capaces de alimentar el mundo, más de lo mismo significa que continuaremos degradando el medio ambiente, más de lo mismo significa que nunca solucionaremos los problemas de pobreza y hambre”…

Programa del 17 de abril de 2008 [4]

[1] Sugerimos la lectura, en este mismo blog, de la nota titulada “EL MUNDO SEGÚN MONSANTO”
http://pllradio.blogspot.com/2008/04/el-mundo-segn-monsanto.html

[2] Lecciones aprendidas. Participación Ciudadana en Lempira Sur
http://www.fao.org/participation/espanol/lempira-lessons.html

[3] La seguridad alimentaria es una situación que existe cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades dietéticas y preferencias alimenticias para una vida activa y sana (FAO, The State of Food Insecurity 2001). La soberanía alimentaria se define como el derecho de los pueblos y los estados soberanos a decidir democráticamente sus propias políticas agrícolas y alimentarias.

[4] El 17 de abril es el día mundial de la lucha campesina. La fecha elegida conmemora la lucha de los 19 integrantes del Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST), de Brasil, asesinados en 1996 en la masacre de El dorado dos Carajas.